¡Chupé pollas en público para financiar mis vacaciones!


María, Laura y yo, Sofía, decidimos que era hora de una aventura fuera del país para nuestras vacaciones. Durante nuestro paseo por un mercado de souvenirs, mi figura curvilínea, especialmente mis redondas y firmes nalgas, atrajeron la atención de un hombre apuesto, cuya mirada recorrió mi silueta con evidente interés.

El hombre, cuyo nombre más tarde descubrí que era Juan, se acercó a nosotras con una proposición que inicialmente pareció inapropiada. Primero, ofreció dinero a Laura a cambio de un favor, pero ella lo rechazó. Cuando se volvió hacia mí con la misma oferta, supe que podría ser nuestra salida para disfrutar de unas vacaciones sin preocupaciones económicas.

Acepté su propuesta. Juan, con una sonrisa que prometía más que solo una transacción monetaria, me guió hacia un lugar un poco más apartado, pero aún visible para los curiosos transeúntes. Sus manos comenzaron a recorrer mis caderas y luego mis nalgas, su toque ya despertando un deseo en mí que no había esperado sentir.

Sin más preámbulos, me arrodillé frente a él, mi corazón latiendo con fuerza no solo por la anticipación de lo que estaba a punto de hacer, sino por la emoción de ser vista. Desabroché su pantalón, y su polla ya estaba dura, lista para mi boca. La tomé con ambas manos, mirándolo a los ojos con una mezcla de desafío y deseo, y comencé a succionar, mi lengua explorando cada centímetro, cada vena.

El dinero ya no era el único incentivo; el placer que me proporcionaba tenerlo en mi boca, la sensación de control, y la exhibición pública de nuestro acto, me llenaban de una lujuria que nunca había experimentado. Mis movimientos se volvieron más intensos, más profundos, cada gemido y gruñido de Juan era un testimonio de mi habilidad.

El acto de chupar en público se convirtió en un espectáculo, algunos espectadores se acercaban, sus ojos llenos de deseo y sorpresa. La audacia de nuestra acción, la sensación de sus manos en mi cabello, guiando mi cabeza, me empujaba hacia un estado de excitación que no había conocido antes.

Cuando Juan finalmente llegó al clímax, su semen llenó mi boca, y yo, con una sonrisa de satisfacción, lo recibí entero, sin desperdiciar una gota. El dinero que me entregó después fue solo un añadido al placer que había obtenido.

Ese día, no solo financié nuestras vacaciones, sino que también exploré una faceta de mí misma que ni siquiera sabía que existía. La experiencia de hacer sexo oral en público, la mezcla de poder y sumisión, la mirada de los extraños, todo se combinó para crear un recuerdo que añadiría un sabor especial a cada momento de nuestras vacaciones.


Like it? Share with your friends!

0

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *